La felicidad no es una decisión, tampoco es una obligación, es una comprensión de los procesos de la vida y cada uno de sus aprendizajes. Estamos viviendo una época en la que nosotros mismos hemos “envenenado la felicidad”. Si te muestras poco feliz, ya eres sospechoso de no querer serlo, una felicidad artificial que te […]

La felicidad no es una decisión, tampoco es una obligación, es una comprensión de los procesos de la vida y cada uno de sus aprendizajes.

Estamos viviendo una época en la que nosotros mismos hemos “envenenado la felicidad”. Si te muestras poco feliz, ya eres sospechoso de no querer serlo, una felicidad artificial que te invita a ser feliz en el trabajo, en tus relaciones, con lo que elegiste, aunque ni siquiera sepas para qué carajo estás en esta vida. Una felicidad que nos venden y compramos, y ya tenemos hasta expertos en felicidad que a veces ni saben ser felices ellos mismos, consejeros, coaches y una cantidad de personas que te dicen que tienes que ser feliz y tener cara de pastel independiente de lo que suceda en tu vida.

Talleres de felicidad en los que solo somos “felices” durante el taller, porque una vez elevadas la endorfinas a su máximo nivel, con gritos, saltos, hurras y demás, diciendo que todos somos campeones, llega el bajonazo químico y se experimenta un descenso en la energía vital, acompañado de la angustia al regresar, sin herramientas, a una realidad en la que nos vemos como todos unos perdedores, adicional a la culpa por no haber aprendido a ser felices en el taller o curso mencionado.

¿Entonces, dónde andará tan preciado tesoro?

En la comprensión de la vida como un proceso de aprendizaje, en la aceptación de las experiencias propias y ajenas como una oportunidad de auto-transformación. No confundamos aceptación con resignación. Aceptar requiere compromiso y entrenamiento, herramientas simples y sencillas como la valoración de los aprendizajes, el agradecimiento, abandonar la queja y trabajar la adaptación, asumir la vida en lugar de culpar a otros.

No existen emociones positivas ni negativas, todo es neutro. Sufrimos por miedo a sufrir, huimos por miedo a sufrir, evitamos relaciones por miedo a sufrir y finalmente terminamos la vida sufriendo, sin darnos cuenta que no se trataba de evitar el sufrimiento, se trataba de aprovechar las experiencias.

Les deseo un feliz y maravilloso despertar de consciencia.

Gloria Arroyave B