”Cuando creo que puedo hacer feliz a alguien, me estoy engañando a mí mismo”. Si entro a formar una relación pensando que puedo hacer feliz a alguien, ya me estoy engañando porque, cuando la otra persona no sea feliz, entonces voy a sufrir y ya seremos dos personas sufriendo. Una cosa es estar dispuesto a […]

”Cuando creo que puedo hacer feliz a alguien, me estoy engañando a mí mismo”.

Si entro a formar una relación pensando que puedo hacer feliz a alguien, ya me estoy engañando porque, cuando la otra persona no sea feliz, entonces voy a sufrir y ya seremos dos personas sufriendo. Una cosa es estar dispuesto a dar lo mejor de mí, a compartir todos mis valores y, otra bien diferente, es pensar en que puedo ser el protagonista de la felicidad de la otra persona. Si esto no lo tenemos claro, la relación se vuelve una interacción constante de sufrimiento y este es uno de los motivos por los cuales se acaban las relaciones.

”Cuando yo creo que puedo ser feliz CON alguien, me estoy engañando a mí mismo”.

Si entro a formar una relación con alguien, esperando que me haga feliz, me encuentro en un total autoengaño. NADIE puede hacerte feliz, si aún no has hecho suficiente trabajo interior para lograrlo por ti mismo.

Si entras en una relación con expectativas, pensando que la otra persona te va a hacer feliz, ya te equivocaste, nadie puede hacer feliz a nadie, solamente nosotros mismos nos podemos hacer felices, ese es un secreto fundamental.

Cuando aprendo a ser feliz, ¿qué puedo compartir con otro?  mi paz, mi alegría, mi capacidad de servir, mis valores, todas mis cualidades. 

”Aquel que no sabe ser feliz solo, tampoco será feliz acompañado”.

Gloria Arroyave B.

Facilitadora Escuela de Magia del Amor.

Este texto está inspirado en las notas de clase recibidas en el módulo Relaciones del Amor de Gerardo Schmedling.