Ella siempre está ahí, inevitablemente en algún momento sé que vamos a encontrarnos. Sentir los síntomas de la fibromialgia es el reto más grande que llevo en mi vida, usualmente no hablo de ella porque sé que de nada sirve invocarla. Los síntomas aparecen y desaparecen, cuando el dolor es muy fuerte me resulta difícil […]

Ella siempre está ahí, inevitablemente en algún momento sé que vamos a encontrarnos.

Sentir los síntomas de la fibromialgia es el reto más grande que llevo en mi vida, usualmente no hablo de ella porque sé que de nada sirve invocarla. Los síntomas aparecen y desaparecen, cuando el dolor es muy fuerte me resulta difícil pensar con claridad, incluso a pesar de toda la información, de mi alegría y de mi entusiasmo; existen días en los que toda mi estrategia se va al piso, en los que me siento desanimada, triste y pienso en todas las personas que padecen estos terribles dolores en total oscuridad.

Llevo varios días de crisis, de dolores intermitentes, el cansancio se comienza a asomar, aún así, estoy aferrada a mi plan, a mi deseo de servir y de continuar. No les puedo negar que a veces rompo en lágrimas, es mi cuerpo el que habla y me recuerda que aún me falta mucho por aprender. Solo las personas que tenemos este diagnóstico podemos hablar de lo que significa vivir bajo una sombra que a veces te envuelve y te aprisiona.

Así que aquí estoy, sigo en pie, con toda mi comprensión y disposición de aprender. Respiro, medito, duermo y procuro tener solamente pensamientos positivos. Hoy decidí hablar de esto porque cada vez comprendo más lo importante que es compartirnos no solo en los momentos radiantes, no solo en las fotos espléndidas, es necesario compartimos en nuestra humanidad que es igual para todos.

Tengo muy claro el origen emocional que trajo la fibromialgia a mi vida como aprendizaje, el saberlo no me libera de vivirlo y ahora sé que sufrirlo NO es mi opción, he aprendido a escucharlo cuando se manifiesta con esta particular forma de recordarme cuánto debo cuidar de mí.

Si tienes este diagnóstico, es inevitable que tengas días difíciles. Sin embargo, aquietarte, silenciar la mente, bajar la guardia y esperar pacientemente que pase por tu cuerpo, puede ayudarte a vivir los días no tan buenos para que el dolor de la fibromialgia no te controle a ti.

Evita quejarte, lamentarte o hacer responsables a las demás personas de tu proceso. Cada instante es perfecto.

VERIFICADO.