Atrapados en la tan anhelada «INFELIZ ESTABILIDAD», ni mejoramos las relaciones que tenemos, ni valoramos lo que aprendemos, ni trabajamos en nosotros mismos y mucho menos nos atrevemos a tomar decisiones que nos saquen de la zona en la que nos sentimos infelizmente seguros. Nos dijeron que la estabilidad es lo mejor que podemos alcanzar […]

Atrapados en la tan anhelada «INFELIZ ESTABILIDAD», ni mejoramos las relaciones que tenemos, ni valoramos lo que aprendemos, ni trabajamos en nosotros mismos y mucho menos nos atrevemos a tomar decisiones que nos saquen de la zona en la que nos sentimos infelizmente seguros.

Nos dijeron que la estabilidad es lo mejor que podemos alcanzar las personas, todos queremos estabilidad, luchamos por ella aunque al encontrarla nos sintamos absolutamente infelices, la estabilidad que nos aniquila la total posibilidad de aprender algo nuevo, de relacionarnos con personas diferentes y de reconocer los procesos en los que aún nos hace falta trabajar

Ante el más mínimo asomo del cambio, comenzamos a sufrir porque nos cuesta afrontar nuestra propia vida, pensamos que nuestra felicidad se encuentra en otra persona, en una empresa o en los bienes materiales, sufrimos porque vivimos atados a una felicidad artificial, sustentada en actos y presencias externas, sufrimos porque no sabemos construir relaciones y preferimos permanecer en estados de mediocridad conformista, a eso lo llamamos «ESTABILIDAD».

Bienvenida la posibilidad del cambio, bienvenidas nuevas oportunidades, bienvenidas nuevas personas, bienvenidas nuevas experiencias.

Bendita sea la INESTABILIDAD, porque gracias a ella podemos reinventarnos aunque sea a la fuerza, porque llegará el momento en que te reinventas o desapareces.

VERIFICADO.