Cada vez estoy más segura, que nos elegimos para crecer mutuamente, para convertir las asperezas en caricias y las diferencias en comprensión. La relación de madre e hija, más que jugar contigo a las muñecas, que vestirte de rosado o pretender que no repitas mis historias, más que crear un campo de rivalidad; es aprovechar […]

Cada vez estoy más segura, que nos elegimos para crecer mutuamente, para convertir las asperezas en caricias y las diferencias en comprensión.

La relación de madre e hija, más que jugar contigo a las muñecas, que vestirte de rosado o pretender que no repitas mis historias, más que crear un campo de rivalidad; es aprovechar las particularidades para aprender a respetar el proceso de cada una, al darnos cuenta que no es necesario y además, es imposible ser iguales. Ser diametralmente opuestas, jamás será una razón para generar rechazos y vivir en resentimiento.

La relación madre e hija, se matiza por una carga inconsciente que no alcanzamos a reconocer porque es histórica, producto de una cultura machista orquestada por las mismas mujeres, aunque nos cueste reconocerlo, genera una gran carga emocional, creencias e ignorancia que se transmite de generación en generación que nos llena de culpas no resueltas, asumiendo el papel de víctimas o de verdugos implacables, acechando la oportunidad para saciar el anhelo de venganza.

Eso es lo que te aleja de tu madre y lo que te aparta de tu hija, porque en esencia entre las dos solo existe AMOR.

Gracias @carosaraviaa, desde tu femenino aprendí a reconocerme, a reconocer el amor de mi madre y a valorar cada vez más, ser mujer.